Uno de los actos allí celebrados consisitió
en una mesa redonda para discutir
sobre los problemas de la educación matemática
en España a todos los niveles. De ella surgió la siguiente
declaración de necesidades urgentes:
La necesidad de cambios profundos en nuestra educación matemática en lo que respecta a los niveles obligatorios, con especial atención al tiempo de dedicación a la matemática y a la necesaria atención a la diversidad de intereses de los alumnos.
La necesidad de efectuar importantes transformaciones en la preparación del profesorado de primaria y secundaria en lo que respecta a la formación relacionada con la matemática y su didáctica a fin de que nuestro sistema educativo pueda hacer frente con competencia a los cambios necesarios.
Para ello será preciso estimular la investigación en educación matemática. La necesidad de establecer un amplio diálogo de la comunidad matemática con los diferentes agentes sociales a fin de llegar a acuerdos explícitos sobre las competencias básicas necesarias a la ciudadanía y sobre los modos de hacer posible que sean alcanzadas. Para ello será necesario que se cree un organismo adecuado o una comisión especial que apoye y estimule tal diálogo. Dicho organismo debería identificar asimismo los problemas que afectan a nuestra universidad en lo que se refiere a la docencia en el nivel superior y promover las medidas oportunas para su solución.
Como se apunta en estas conclusiones, uno de nuestros graves problemas actuales se centra en la formación del profesorado de primaria. A este problema concreto quisiera dedicar el resto de este artículo, ya que opino que en él se encuentra una de las causas más importantes de nuestras deficiencias.
Son muchos los profesores de primaria, especialmente entre los más jóvenes, que por las razones que a continuación comentaré, carecen de las destrezas y conocimientos concretos para llevar a cabo adecuadamente sus tareas en lo que se refiere a la educación matemática de sus alumnos. Y tal vez lo peor de la situación actual es que muchos de ellos no son conscientes de que su forma actual de proceder, que tal vez se ajusta a los cánones que ellos han recibido, entraña profundas deficiencias. A mi parecer, la raíz de esta situación se encuentra en la escasa preparación específica que nuestro sistema actual de formación de profesores es capaz de proporcionarles.Las horas de dedicación a las matemáticas establecidas en los actuales planes de estudio son, a todas luces, muy escasas. Para algunos tipos de profesores tal dedicación puede no llegar al 4% de las horas de sus 3 años de estudios y casi en ningún caso viene a sobrepasar el 14%. Y se ha de tener en cuenta que todos ellos, como profesores generalistas, han de estar preparados para enseñar todas las materias.
Por contraste, en algunas universidades de Alemania, por ejemplo la de Dortmund, quienes hayan de ser maestros tienen obligación de dedicar un 40% de las horas de sus 4 años de preparación a las matemáticas. Quienes se interesen especialmente por la enseñanza de las ciencias, que no son pocos, pueden llegar al 60% de dedicación a la matemática. Y es que matemáticas y lengua son verdaderamente y en la práctica los pilares en los que se basa la enseñanza primaria. Algo parecido ocurre en Hungría y Holanda.
Por otra parte hay que señalar que, entre nosotros, gran parte de este tiempo de dedicación a la matemática no se dedica a enseñar destrezas que tengan que ver con la forma práctica de hacer fácil, asequible y atractivo el ejercicio de aprender matemáticas, sino de temas extraordinariamente abstractos de lo que se llama Didáctica de las Matemáticas. Los planes de estudio no parecen contemplar en la práctica que para transmitir cualquier saber concreto lo primero de todo es tenerlo.
Un profesor sin los conocimientos más básicos
acerca de lo que la matemática
verdaderamente ha sido y de lo que representa para la
vida cotidiana actual,
para la ciencia y la tecnología, un profesor que
carece él mismo del dominio
adecuado desde diversos puntos de vista de los mismos
temas elementales en
los que debería introducir a sus alumnos, se encontrará
claramente desbordado
ante la tarea de tratar de que en sus alumnos se genere
una actitud apropiada
frente a las matemáticas que les estimule para
realizar los esfuerzos que les
conducirán a dominar las destrezas mínimas
necesarias para el quehacer
matemático.
Resultado: nuestro sistema está privando a la inmensa
mayoría de quienes se están formando para enseñar
de la posibilidad de un aprendizaje pausado, sereno, con gozo, de las inmensas
riquezas que el quehacer matemático encierra para la formación
del pensamiento, de su valoración adecuada a través del apercibimiento
de su utilidad y su ubicuidad en la vida cotidiana. Les está
substrayendo el conocimiento útil, concreto y
práctico de las tareas adecuadas
para el correcto aprendizaje de los temas matemáticos
que en ese nivel sería
necesario introducir, de la satisfacción lúdica
y del placer estético que puedan
contrarrestar, como sucede con cualquier actividad que
valga la pena, los
muchos esfuerzos rutinarios y trabajosos que para llegar
a practicarla con gozo
hay que hacer.